Bienvenidos a nuestro pequeño rincón de fantasía donde la imaginación se convierte en el instrumento más valioso y los sentimientos cobran vida en los personajes de nuestras historias. Echad un vistazo y juzgad como os parezca. Ante todo, buscamos un diálogo con nuestros lectores, que compartan sus opiniones, que sugieran temas sobre los que escribir y que, si encuentran inspiración se animen también a escribir. Porque no hay nada más bonito que poder expresar tus emociones y que otros compartan los suyos contigo. Así que adelante, tiraos a la piscina.

3/9/13

Ansias de sangre

Me sentía como si flotara inmerso en una espesa nube negra que impedía que la luz llegara a mi retina y que ningún sonido atravesara su espesura. Ningún ruido, ninguna sensación, nada. Todo estaba en profunda calma…. Y entonces desperté.
Lo primero que sentí fue un peso descomunal que surgió sobre mí, aplastándome y asfixiándome. La misma nube negra parecía haberse condensado conmigo dentro. Intenté llevar aire a los pulmones inspirando profundamente por la boca y apenas la había abierto cuando esa materia extraña se vertió en mi interior. No resultó tan extraña cuando comprendí lo que era, tierra. La necesidad de respirar se me hacía insoportable y los vanos intentos de satisfacerla resultaban en involuntarios espasmos provocados por el miedo y la histeria. Las fuerzas me abandonaban y con ellas toda esperanza. La falta de oxigeno nubló por completo mis sentidos y mi conciencia cayó de nuevo en un profundo sueño…
Calma… un movimiento apenas perceptible, mi movimiento. Calma… ya no tengo miedo, ya no siento nada… y de pronto una sensación asoma, se extiende, me engulle, me devora… el hambre. Agitación, movimiento, histeria, deseo… lo deseo, tengo hambre. Algo me lleva a actuar sin voluntad propia pero de verdad lo quiero, lo ansío, quiero tenerlo.
Un gran estruendo, un golpe, todo sucede muy rápido y al momento me encuentro tumbado sobre la tierra húmeda. El contacto con el aire me recuerda que debo respirar pero algo no va bien, mi cuerpo se resiste, mi tráquea se cierra, se obstruye y me ahogo, creo ahogarme. Me asusto, lucho por abrir paso al aire mientras tanteo en la oscuridad lo que me rodea, buscando ayuda. Intento erguirme pero los músculos no me responden, avanzo un paso y caigo de bruces al suelo.
Noto la humedad de la tierra en la mejilla, el olor del rocío sobre la fina hierba, la ligera y fresca brisa que acaricia mi rostro… y de nuevo aparece, el viento parece llevar su esencia y me señala el lugar donde se encuentra. Me levanto y esta vez no pierdo el equilibrio. Doy un paso y luego otro, siguiendo la estela de ese olor, ese perfume tan embriagador… A medida que avanzo sorteo lo que parecen grandes piedras alzándose sobre la tierra y que me dificultan el paso. Alzo la vista al cielo y me quedo maravillado ante su esplendor: Diminutos puntos luminosos perforan su superficie y en el centro de este una enorme esfera de luz, tan hermosa como imponente, la cual baña con su fulgor todas y cada una de las figuras revelando sus intrincadas formas, unas más grandes que otras pero todas rectangulares y una detrás de otra.
Al fondo, detrás de una arboleda algo se mueve. Dirijo mi mirada hacia allí al mismo tiempo que una leve ráfaga de viento llega hasta mí transportando ese inconfundible aroma. Noto unas punzadas en el labio y al momento el sabor metálico de la sangre provocando un cosquilleo en mi garganta. Flexiono las rodillas y me coloco con las manos apoyadas sobre el césped, esperando... Cierro los ojos, la boca ligeramente entreabierta y proyectando todos mis sentidos hacia aquel lugar. Escucho atentamente todos los sonidos de la noche: El viento, las hojas, los grillos... un corazón, el bombeo incesante de un corazón. “Ahí esta”. Doy un gran salto, corro, mis pies apenas tocan el suelo y sin embargo avanzo. Prácticamente vuelo y la sensación es impresionante. Me aproximo rápidamente y en unos segundos aterrizo tras un árbol grande apoyando mi espalda en su corteza. El árbol me oculta completamente pero apenas puedo reprimir la ganas irresistibles de hacerme con mi presa. Algo llama mi atención, algo acaba de cambiar... escucho y compruebo extrañado y excitado que el bombeo se ha acelerado. Los latidos resuenan en su pecho fuertemente aumentando notablemente mi agonía. No puedo soportarlo más y me vuelvo rodeando al árbol. No he avanzado ni dos pasos cuando me paró en seco.
Frente a mí, a pocos centímetros, se encuentra la cara de un joven que al verme torna en un gesto de sorpresa y horror. Apenas unos centímetros de distancia, apenas un suspiro nos separa... Un rostro hermoso, una piel pura y blanquecina, una arteria fina y frágil que surca su cuello. El más profundo placer al sentir su vida fluyendo y vertiéndose por mi garganta...
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