Bienvenidos a nuestro pequeño rincón de fantasía donde la imaginación se convierte en el instrumento más valioso y los sentimientos cobran vida en los personajes de nuestras historias. Echad un vistazo y juzgad como os parezca. Ante todo, buscamos un diálogo con nuestros lectores, que compartan sus opiniones, que sugieran temas sobre los que escribir y que, si encuentran inspiración se animen también a escribir. Porque no hay nada más bonito que poder expresar tus emociones y que otros compartan los suyos contigo. Así que adelante, tiraos a la piscina.

30/9/13

Una vida feliz: Parte II

Me meto en la cama con cuidado, procurando no hacer ruido para no despertarla. Si es que duerme. A no ser que, como a mi, todo esto la mantenga en vela, durmiendo escasas horas por las noches. Me coloco boca arriba mirando al techo. Solo la luz que se cuela por la ventana me permite ver de forma difusa la habitación. Sara está tumbada de lado dándome la espalda evitándome todo lo que le es posible. No quiere saber nada de mi. Me duele tanto que me llevo la mano al pecho. Noto la presión, como un martilleo incesante, una suplica desesperada. Mi corazón ansía su amor por encima de todas las cosas. La estoy perdiendo y no se que hacer para evitarlo. Me ve como a su enemigo, un "asesino"- pienso recordando sus palabras-. La quiero, la quiero tanto que su pérdida se me hace impensable.¿Es que no lo ve? Solo intento salvarla...
Cree que soy un monstruo. Y tal vez lo sea si eso significa querer a mi mujer tanto como para hacer cualquier cosa por ella. "Matar a nuestro hijo"- ¿Estoy dispuesto también a hacer eso? Suena tan horrible que no puedo plantearlo de esa forma. Pero no hay manera de enmascararlo. Abortar significa acabar con la vida de nuestro pequeño. Una vida en desarrollo creciendo dentro del vientre de mi esposa. Nuestro futuro bebé, nuestro hijo. En mi mente aparece un niño de unos dos años de mofletes regordetes y sonrosados y de ojos grandes y azules, como los de Sara. Ahora los tiene achinados de tanto sonreír y corretea por la casa. Mira de vez en cuando hacia atrás comprobando que le siguen persiguiendo. Soy yo el que corre detrás de él y en cuanto tengo oportunidad lo cojo y dando vueltas lo abrazo mientras reímos juntos a carcajadas. La miro y una lágrima cae por mi mejilla. "Oh Sara, he estado tan ciego. Tampoco yo puedo hacerle eso..."

Entro a casa como una exhalación cargado hasta los topes. Por primera vez en mucho tiempo vuelvo a recuperar el ánimo, la esperanza de que todo va a salir bien. Me he convencido de ello. Paso por delante del sofá donde encuentro a Sara tumbada. Me agacho como puedo y le doy un beso en la base del pelo. Me dirijo a la mesa y descargo todas las bolsas.
-Bff nunca pensé que ser padre fuera tan sacrificado- bromeo sonriéndole- Me he recorrido todas las tiendas de la ciudad.- Abro las bolsas de una en una revisando que está todo.
- Pañales, polvos de talco... Madre mia, necesitaremos un armario nuevo para todas estas cosas.- Llego a la última bolsa de la que extraigo una pieza de tela azul marino. Me vuelvo hacia Sara con una sonrisa de oreja a oreja.
- He comprado esto en una tienda especializada de por aqui cerca: Lencería femenina premamá ¿Qué te parece? ¿Te gusta? Igual es un poco atrevido... Le dedico una de mis enigmaticas miradas y curvo los labios hasta formar una media sonrisa.
- Interpretaré eso como un si - Está mirándome boquiabierta. Sin duda le ha sorprendido. Se levanta despacio y examina, una por una, el contenido de las bolsas.
-¿Qué es esto?
- Todo lo necesario. Tenemos que estar preparados para la llegada del bebé- Me mira asombrada con los ojos abiertos como platos. No sabe que decir.
- Mira Sara, sé que me he portado como un imbécil estos dias. Ni si quiera me paré a pensar en lo que querías tú. Ahora lo entiendo, entiendo como te sientes.- Me acerco un poco más para cogerle la mano y poner ambas sobre su vientre.
- Este niño nos necesita y nosotros a él. Haremos lo que haga falta para mantener esta familia y lo haremos juntos. Siempre juntos...
Ambos nos quedamos muy quietos. Ahora todo depende de ella, de su respuesta, y mientras espero me siento como suspendido a cientos de metros sobre el suelo, preparado para la inminente caida. Los segundos se me hacen eternos y tan solo puedo mantener mi mirada fija en la suya. En esos ojos azules como el mar que me atraparon desde el primier día; el recuerdo vivo de que, como el océano, nuestro amor se extendería hacia el horizonte, interminable. Deseo recuperarla, abrazarla, besarla... Sus labios están tan cerca que inclinándome levemente hacia delante los rozaría. Por eso cuando por fin veo movimiento en ellos suspiro de puro alivio. Piensa decir algo pero los vuelve a cerrar e inesperadamente se pone de puntillas y me besa pasando sus brazos por encima de mis hombros y enredando sus dedos en mi pelo. Le respondo rodeándole la cintura y acariciendole la cadera. Unos momentos después deja de besarme y me abraza acercándose a mi oido.
- Te he echado de menos- Me susurra.
La aprieto contra mi e inspiro en su cuello. Yo también la he echado de menos. Más de lo que habría imaginado.
- Te quiero.
- Y yo a ti.

Me seco las manos en los pantalones. No es que necesite hacerlo, es más bien un movimiento nervioso. Miro a ambos lados del pasillo. No hay nadie ¿Cómo puede no haber nadie? Es un hospital. Esto tendría que estar hasta arriba de gente. El silencio no ayuda a calmarme: mis pensamientos ganan demasiada fuerza nublándome el juicio. Esta espera es insufrible. Me quedo observando la pared de enfrente: blanca y azul como todo en este lugar; son unos colores muy frios... me cruzo de brazos para mantener el calor. Estoy helado. Era de esperar que las cosas salieran mal. Tendrían que haberla llevado a quirófano desde el principio. Una cesárea preparada y no de emergencia. "Oh dios mio, que todo salga bien por favor, que todo salga bien..."
Las puertas se abren y aparece un hombre de unos cuarenta años con el pelo oscuro y mirada cansada. Se aparta la mascarilla con cuidado y tras echar un vistazo a la sala vacía se dirige a mi. El corazón me late muy deprisa y suena tan fuerte que por un momento temo no poder oir lo que el doctor me vaya a decir. Se para frente a mi.
- ¿Es usted el marido de Sara Prieto?
- Si soy yo- respondo de forma apremiante.
Todo ha salido perfectamente. Enhorabuena, su bebé goza de muy buena salud.
Expulso el aire suavemente de mis pulmones. No me había dado cuenta de que lo estaba conteniendo. Me relajo visiblemente. Todo ha salido bien.
- En cuanto sea posible la trasladaremos a la planta 7. Una vez allí pregunte a las enfermeras por el número de habitación. Su mujer está muy sedada pero pronto estará plenamente consciente y podremos llevarle al bebé- Asiento. Apenas puedo contener la emoción y mis únicos pensamientos van dirigidos a reencontrarme con mi mujer. Abrazarla y dar la bienvenida a nuestro hijo.

¡Felicidades! Es una niña guapísima- nos dice una joven enfermera que nos entrega a la pequeña con una gran sonrisa. Está envuelta en suaves sábanas blancas y su carita asoma por entre los pliegues. Está dormida con la boca ligeramente entreabierta y su pecho sube y baja suavemente. Voy hacia la cama para sentarme en el borde y me inclino lo bastante para dejar al bebé en el regazo de Sara. La sujeta con el brazo y utiliza la mano libre para acariciarle la cabecita.
- Hola pequeñina- le dice y en ese mismo momento abre los ojos como si hubiera reconocido la voz de su madre. Las lágrimas comienzan a caerle por las mejillas y solloza.
- Oh cariño, es... es preciosa. Y es nuestra. No puedo creerlo... ¡Somos padres!- dice como si hiciera falta recalcarlo. Y después de todo lo que hemos pasado tampoco yo acabo de creérmelo. Aparto las sábanas para verle mejor la cara y se me encoge el corazón. Sara tiene razón: es preciosa. No puedo quitarme la sonrisa que se me ha dibujado en el rostro ni tampoco que las lágrimas, hasta ahora contenidas, fluyan libremente fruto de la alegría. Me vuelvo hacia Sara y le doy un beso apasionado en los labios...
A partir de ahora todo será más fácil -pienso pero tras sopesarlo un instante me retracto- No será fácil. Lo sé . Porque por cien momentos geniales aparecerá uno que no lo es tanto, uno que nos quite el sueño, tal vez uno de esos que te hacen olvidar lo feliz que has sido hasta entonces, de esos que por mucho que lo intentes no puedes darle solución. Y a pesar de ello no nos rendiremos. Seguiremos avanzando hacia una vida mejor, una vida siendo una familia... Una vida feliz.
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