Bienvenidos a nuestro pequeño rincón de fantasía donde la imaginación se convierte en el instrumento más valioso y los sentimientos cobran vida en los personajes de nuestras historias. Echad un vistazo y juzgad como os parezca. Ante todo, buscamos un diálogo con nuestros lectores, que compartan sus opiniones, que sugieran temas sobre los que escribir y que, si encuentran inspiración se animen también a escribir. Porque no hay nada más bonito que poder expresar tus emociones y que otros compartan los suyos contigo. Así que adelante, tiraos a la piscina.

30/12/14

¿Cómo logrará colarse en mis sueños?


Hoy he soñado con él. O al menos con la imagen que tengo de él. Es lo que ocurre cuando te enamoras de alguien a quien apenas conoces. Te puedes crear una idea equivocada de quien es realmente. Conoces su rostro, su pelo, sus ojos… puedes evocar su físico en tu mente y el resultado es una aproximación bastante cercana de cómo es. O mejor dicho, de cómo tú lo ves. Pero la mente es más complicada, más difícil de llegar a entender y por lo tanto de representar. Ni si quiera me atrevería a decir que conozco completamente y sin reservas  a mis mejores amigos, a los que conozco de toda la vida. Cómo puedo hacerlo de alguien a quien conozco de unos pocos meses, de conversaciones puntuales y no muy frecuentes, de pequeños vistazos y miradas. La respuesta es que el chico de mis sueños no es el mismo que el chico real. Tan solo una idea muy vaga de quien es. Una idea que acaba de comenzar a formarse y que no ha sido pulida ni “perfeccionada” por la experiencia.
 
Seguramente no he hecho buen uso del verbo “perfeccionar” pues no existe idea más perfecta  que la que tengo, que la que tiene cualquier enamorado de la persona a la que quiere. Sobre todo en el comienzo, cuando no has descubierto todavía los aspectos de su persona que podrían no gustarte. Ahora es cuando toda la idea que le representa brilla, sin imperfecciones, sin recuerdos del dolor que inevitablemente te causará. Porque el amor conlleva dolor y eso nadie lo duda.


El chico de mis sueños no cree en las etiquetas. Las cosas son lo que son sin necesidad de darles nombre. Eso es lo que piensa. Es un rasgo que le atribuí inconscientemente. Sería cosa del azar que su “yo” real compartiera el mismo atributo. No es algo realmente importante pero es lo que recuerdo con más claridad. Su deseo de disfrutar de lo que ofrece la vida sin pararse a pensar demasiado sobre cómo podría describirlo con palabras, en cómo etiquetar las cosas, cómo meterlas en un mismo saco. Las “lágrimas”; ¿Las metemos en el saco de la “tristeza"? ¿Y por qué no de la “alegría”? No, no es realmente esto a lo que se niega a dar nombre. El problema llega cuando hay que describir a las personas. El chico alegre. La chica triste. El niño tonto. El prodigio. El amanerado. El violento. El sincero. El cruel. El bueno. El malo. Todos cargamos con la etiqueta que nos atribuyen, la que tenemos pegada a la frente, la que hace que nos juzguen antes incluso de conocernos. Tampoco era eso pero me estoy acercando a lo que realmente le molesta. ¿Qué era? Ah ya está. Lo que el chico de mis sueños se resiste a aceptar son los nombres de las relaciones entre las personas. Es lo que él no aguanta. No quiere verse atrapado por una palabra. “Novio” “Novia” “Amante” “Esposo” “Amigo” “Rollo”. No siente la necesidad de darle nombre a lo que tenemos. Porque aunque no lo he dicho, al contrario de lo que sucede en la vida real, en el sueño tenemos algo.  Para él es tan real como para mí aunque no quiere atarse con las cadenas de lo que conlleva una palabra. ¿Cómo se tiene que comportar un novio? ¿Hacer esto es lo correcto de acuerdo con el nombre que nos hemos autoimpuesto? Y lo que dicen los demás. Eso es lo que más le reconcome por dentro. Personas que se creen en el deber moral de comunicarte lo que estás haciendo mal por la etiqueta que conocen de tu relación. Es por eso que decide librarse de esas complicaciones. Lo que es, es y ya está. Por ahora es lo que conoce y no necesita más. Vivir el ahora de acuerdo con lo que en este mismo momento sentimos sin dejarnos condicionar por la idea de un futuro que aún está por llegar.
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