Bienvenidos a nuestro pequeño rincón de fantasía donde la imaginación se convierte en el instrumento más valioso y los sentimientos cobran vida en los personajes de nuestras historias. Echad un vistazo y juzgad como os parezca. Ante todo, buscamos un diálogo con nuestros lectores, que compartan sus opiniones, que sugieran temas sobre los que escribir y que, si encuentran inspiración se animen también a escribir. Porque no hay nada más bonito que poder expresar tus emociones y que otros compartan los suyos contigo. Así que adelante, tiraos a la piscina.

20/12/13

El motivo de mi sonrisa ("Stop Racismo")

Me desperté en un día triste. Todos me lo parecían. Una por una fui haciendo todas las tareas que tenía por costumbre hacer tras levantarme. Cada cual más monótona que la anterior. Como una autómata me preparé el desayuno, abrí las ventanas, me puse lo primero que cogí en el armario y, por último, entré al baño. Me lave la cara, los dientes... y en todos estos movimientos evité mirarme al espejo. Cuando acabé me coloqué frente al lavabo con la vista baja, temerosa de levantar la vista y encontrarme con la persona que había arruinado mi vida. Mi corazón comenzó a latir cada vez más deprisa. Sentí la presión en el pecho y el miedo palpitando en mis venas. Levanté la vista. Mantuve la mirada fija en aquel rostro, tan diferente al de los demás, asombrada por ser capaz de aguantarme la mirada. Conforme pasaron los primeros segundos ese asombro se transformó, poco a poco, en un profundo malestar, es asco y por último, en odio. La rabia me dominó por completo. Con una respiración cada vez más entrecortada cerré las manos convirtiéndolas en puños. Apreté tan fuerte que las uñas se clavaron en la carne y noté como la humedad de la sangre brotaba de palmas. Grité presa de la desesperación e impacté mi puño contra el cristal del espejo. Cientos de pedazos cayeron al suelo desquebrajándose. El espejo ya no era un espejo sino una red de finas fisuras semejante a la tela de una araña, salpicada de rojo en algunas partes.
  • ¿Por qué?- me preguntaba continuamente en mi cabeza.- ¿Por qué me hacen esto?

Las vendas de la mano me apretaban demasiado pero me aliviaba la idea de que tal vez ese dolor me ayudase a ignorar el miedo. Volví la vista atrás. No había nadie. Solté el aire despacio e inspiré. Repetí el proceso unas cuantas veces más. No quería preguntarme que pasaría cuando mi padre llegase a casa y encontrara el espejo hecho añicos. No quería pensar en que me podrían estar siguiendo ahora mismo. Volví la vista atrás de nuevo. Nadie. Nerviosa, aligeré el ritmo pero en cuanto reflexioné sobre a donde me dirigía aminoré el paso. El instituto no me pondría a salvo. En el momento en el que ponía un pie fuera de casa no conseguía respirar tranquila.
Pronto doblé la esquina que llevaba a mi instituto. Miré el reloj: hacía cinco minutos que había sonado el timbre. Sin embargo, no me alarmé ni empecé a correr para llegar a clase. Todo lo contrario, fui lo más despacio que pude. Me parecía demasiado pronto. Desde hace unas semanas eso era lo que hacía todas las mañanas. Era la mejor forma de evitar a los compañeros de clase. Empecé a subir las escaleras y la espalda comenzó a dolerme. El recuerdo de mi pequeño "tropiezo" en ellas era todavía reciente. Llegué por fin a la puerta de clase y con un nudo en el estómago golpeé con los nudillos de la mano buena en la madera.
  • Adelante- dijo alguien detrás de ella.

Sonó la sirena que daba fin a las clases y tan rápido como pude cogí la mochila y me dispuse a salir de allí.
  • No tan deprisa señorita Hale. Quiero hablar con usted.
  • Perdone señor, yo...
  • ¿Tiene prisa por llegar a algún sitio?
  • Em.. no señor- respondí resignada y me acerqué a la mesa.
  • Le ha comentado a sus compañeros- comenzó en voz alta dirigiéndose a todos los presentes para mi consternación - lo baja que está en todas las materias del curso? ¿Acaso requiere de un trato especial y no se me ha consultado primero?- su pregunta fue seguida de un coro de risas y acompañada de una sonrisa torcida en su feo rostro.
  • ¿Puedo irme ya?- dije con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos.
  • Si, puede irse.
Abrí la puerta de un empujón y fui corriendo al baño de señoras donde me metí cerrando de un portazo y comencé a llorar.
Estuve un buen rato. Ya que no saldría la primera, saldría la última. Entorné la puerta y me asomé. Los pasillos estaban vacíos. Salí del baño y tan solo había dado dos pasos cuando una mano me agarró del pelo y me estiró hacia atrás. Grité y un puñetazo fue a parar directamente a mi mandíbula.
  • Calla puta negrata.
Alguien me agarró por la espalda mientras Pedro, que me había dado el puñetazo, me asestaba otro golpe; esta vez en el estómago. Aullé de dolor y me doblé hacia delante tosiendo.
  • ¿Qué está pasando aquí?- Preguntó una voz lejana.
Empezaba a marearme. Los brazos que me sujetaban me soltaron y caí al suelo. Pude oir como los dos chicos se alejaban corriendo del lugar. Una mano me tocó el hombro y me ayudo a ponerme derecha apoyándome en la pared.
  • ¿Estás bien? ¿Te han hecho daño?
  • Estoy bien – dije con un hilo de voz.
  • ¿Qué ha pasado? - Sonaba preocupado. Me resultaba extraño que alguien se preocupara por mi. Pero no podía decir nada. Tenía miedo.
  • Nada, no ha pasado nada.
Traté de ponerme en pie pero perdí el equilibrio. El hombre me sujetó y evitó que volviera a caer. En ese momento, pude fijarme en su cara. Era joven. El nuevo profesor de lengua. Me gustaba porque nunca me había dicho nada por llegar tarde.
  • Puedes contármelo. - Bajé la vista y no respondí.
  • Tara, no te preocupes, yo me encargaré.- me giré y le miré asustada.- En serio, no dejaré que te vuelvan a hacer daño.
  • Vamos, te llevaré a casa.
Me llevó a casa y lo volvió a hacer día tras día. Consiguió cumplir su promesa, no dejó que volvieran a hacerme daño. Al menos, hasta que yo misma fui capaz de defenderme y plantarles cara. Hasta que me di cuenta que no había razón para que gente como aquella tratara de hacerme sufrir. Encontré la manera de sonreir al levantarme por las mañanas y eso nunca nadie logró quitármelo.


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